martes, 21 de junio de 2016
POR QUE DELINQUEN LAS MUJERES II
La mayoría de las mujeres encarceladas proviene de sectores de la población económica y socialmente desfavorecida y que permanece encarcelada por delitos típicos de personas que carecen de poder, han vivido en la pobreza y han sido violentadas la mayor parte de sus vidas. Sin embargo, recientemente, las mujeres se han visto involucradas en nuevas actividades delictivas como son asalto a banco, secuestro, extorsión y delitos contra la salud.
Delitos que hasta hace poco, estuvieron convencionalmente asociados sólo con hombres, por la violencia implícita que conlleva su ejecución. Las infracciones son más prevalentes en las mujeres y revisar el estado de conocimiento en torno a las teorías tradicionales que pretenden entender la delincuencia femenina, a fin de resaltar esos vacíos teóricos, metodológicos y empíricos que han permitido, hasta ahora, un trato inequitativo hacia las mujeres delincuentes. Se parte de que el “delito” como conducta jurídica, penalmente prohibida, es de carácter contingente, es decir, que cada sociedad presenta los delitos que, como producto histórico produce, y que van evolucionado en cantidad y calidad a través del tiempo.
Las principales teorías tradicionales se dividen en
1.- Teorías Biopsicosociales/Antropobiológicas,
2.- Teorías de la Estructura Social,
3.- Teorías del Proceso Social y
4.- Teorías de la Reacción Social.
Las de corte biopsicosocial/antropobiológicas mantienen la conexión entre la biología y la criminalidad (como que las mujeres son, por naturaleza, más instigadoras que ejecutoras de la conducta delictiva y que son inherentemente tramposas). Las teorías de la Estructura Social hacen énfasis en aspectos como la desorganización social (vivienda deficiente, desempleo, ingresos bajos, desintegración familiar); las presiones que ejercen las sociedades modernas (metas, logros, valores, aspiraciones) sobre individuos estratificados por clase social, al igual que los medios para el éxito (educación, trabajo), lo que genera sentimientos de alienación, rabia y frustración, asociados a conductas delictivas; y la formación de valores subculturales que mantienen reglas y valores opuestos a las leyes y costumbres dominantes. Las Teorías del Proceso Social destacan aspectos como el aprendizaje social (la conducta criminal es aprendida); la asociación diferencial (como consecuencia de una socialización diferenciada); el reforzamiento diferencial a determinadas conductas(la conducta criminal como opción preferencial al balancear riegos y ganancias); la neutralización que permite omitir temporalmente, valores y costumbres dominantes, para delinquir; y el control social, que si bien orilla a las personas a cumplir la ley, cuando disminuye, las empuja a la criminalidad..
Por lo que las mujeres delincuentes tienen derecho a dudar de la validez general de dichas teorías que no consiguen explicar los mecanismos que las llevan a cometer conductas socialmente penalizadas. En síntesis, se requiere de un enfoque multidisciplinario para abordar la complejidad del fenómeno analizado y para avanzar en el logro de la igualdad jurídica para hombres y mujeres. Algunas limitaciones del trabajo son la falta de datos epidemiológicos sobre la situación penal de las mujeres en países distintos a los aquí analizados, la carencia de datos sobre mujeres presas en varios países del continente americano y la no actualización de algunos de los datos.
Palabras clave: Mujeres, delincuencia, teorías, paradigmas.
No sólo hace falta explicar por qué las mujeres transgreden la ley, sino más bien por qué la gran mayoría actúa conforme a las normas (Hartjen, 26)
INTRODUCCIÓN
Esto implica entrar a un campo cargado de prejuicios ideológicos que ha producido “teorías” basadas en la “manera de ser de la mujer” (Göppinger, citado por Herrero, 27). Hasta hace poco, la criminalidad femenina se caracterizó por bajos porcentajes globales conocidos, en comparación con la masculina. (Quetelet [35], fundador de la estadística, trazó la curva de distribución normal de la criminalidad femenina y señaló una proporción de 6 a 1, por una tendencia marcada hacia diferentes tipos de delito y porque estos delitos generalmente se realizaban de manera solitaria o cuando mucho en complicidad con un varón. Sin embargo, los datos epidemiológicos, las estadísticas delincuenciales y los datos etnográficos nos dicen que cada día mayor número de mujeres se ve involucrado en ambos procesos: comisión de actos violentos y delincuencia.
La persistente condición y situación marginalizada de la mujer en la sociedad frente al sistema judicial ha determinado también que sus necesidades especiales se consideren igualmente marginales. En varios paises, la condición de la mujer es tal que ésta se halla en situación problemática como delincuente, detenida, víctima e incluso como profesional y, asimismo, determina que se haya hecho difusa la distinción entre mujeres delincuentes y mujeres víctimas. OBJETIVO
Conocer qué tipo de delitos e infracciones es más prevalente en las mujeres y revisar el estado de conocimiento en torno a las teorías tradicionales que pretenden comprender la delincuencia femenina, a fin de resaltar vacíos teóricos, metodológicos y empíricos que han permitido, hasta ahora, un trato inequitativoDATOS EPIDEMIOLÓGICOS
El perfil de la población femenina interna en los establecimientos penitenciarios del Distrito Federal en 1996, era el siguiente: entre los 18 y los 34 años de edad; su escolaridad promedio era de primaria incompleta; otro tanto desempeñaba algún trabajo casi siempre dentro del sector informal; otras ya tenía hijos y en su mayoría se trataba de madres solteras provenientes de un núcleo familiar primario desintegrado; otras se encontraba interna por delitos contra la salud, por homicidio, por robo, por robo de infante, por fraude, por lesiones por diversos.
El Centro de Investigaciones Penales y Criminológicas ha señalado un cambio hacia la delincuencia de tipo económico: cada vez hay un número mayor de reclusas detenidas por delitos contra la propiedad (robo, hurto, estafa y peculado) o delitos generadores de beneficios económicos ilícitos, especialmente los relacionados con la Los delitos de terrorismo y de tráfico ilícito de drogas eran los más comunes en la población carcelaria femenina. Entre 1990 y 1995 las detenidas por tráfico y consumo indebido de drogas aumentaron de 294 a 1 075.
MUJER Y DELITO
En los últimos años se observa cada vez con mayor transparencia cómo el “delito”, como conducta jurídico-penalmente prohibida, es de carácter contingente, es decir, que en cada sociedad existen delitos que, además, como producto histórico que son, van evolucionando en cantidad y calidad a través del tiempo.
El delincuente es parte de la estructura social, por la simple razón de que la criminalidad lo es. La criminalidad es un fenómeno sociopolítico y no un conjunto de actos delictivos individuales . En el caso de las mujeres delincuentes, el cambio más importante ha sido el de considerar o no, algunas conductas como delitos. Un ejemplo de ello es la prostitución, que dependiendo del enfoque que se le de, considera a las sexo-servidoras como delincuentes, víctimas o sobrevivientes .
Teorías tradicionales
A) Biopsicosociales/antropobiológicas las diferencias de género en la delincuencia, en función de rasgos físicos y emocionales. Estos puntos de vista afirman que, es la interacción de los ambientes físico y psicológico con el social lo que produce la delincuencia. Entre este tipo de interacciones se han estudiado en detalle: la sexualidad precoz, las diferencias hormonales y el síndrome premenstrual, y la agresión, que aparecen resumidas en el cuadro . De todos los síndromes psiquiátricos relacionados con los cambios hormonales de las mujeres, el síndrome premenstrual o trastorno disfórico premenstrual ha sido, con mucho, el más estudiado y vinculado a la delincuencia; sin embargo, sigue siendo el menos conocido. Se discute incluso un síndrome o si, por el contrario, se trata de varios subgrupos de trastornos. La investigación realizada a la fecha se ha hecho en grupos muy reducidos y se basa en informes retrospectivos de las propias mujeres, por lo que no puede considerase que las muestras sean representativas de la población total de mujeres que cometen delitos .Las mujeres delincuentes reincidentes presentan una fuerte presencia de factores de riesgo en la infancia tales como: cuidado parental inadecuado, presencia de padres criminales y alcohólicos, familias numerosas, pobres controles, y bajo nivel intelectual.
“Comportamiento o conducta que viola el ‘código’ normativo observado por un grupo y que éste espera sea cumplido por un subgrupo o individuo, que ahora se convierte en sujeto activo de la citada trasgresión”. Esta idea de desviación tiene base específicamente estadística, cuantitativa, y no está referida a ningún modelo ideal de conducta y por lo mismo no alude a valores .
Síndrome premenstrual: Las características esenciales de este trastorno consisten en la presencia de síntomas del tipo del estado de ánimo acusadamente deprimido, ansiedad, labilidad emocional y pérdida del interés por cualquier actividad. Los síntomas empiezan a remitir durante los primeros días de la menstruación (inicio de la fase folicular) y han desaparecido siempre en el transcurso de la semana posterior a la hemorragia menstrual.
Sexualidad precoz: Las primeras teorías ligaban la sexualidad femenina y la delincuencia a los efectos del inicio temprano de la sexualidad o sexualidad precoz. De acuerdo a este punto de vista, las niñas que iniciaban su vida sexual activa en forma temprana se involucraban con mayor facilidad en conducta antisocialAl equiparar la delincuencia femenina con la sexualidad, la primera se veía como sintomática del desajuste social y del aislamiento social. La delincuente femenina era considerada como emocionalmente perturbada, producto de una familia que había fallado en proveer cuidados adecuados. En el aislamiento y la soledad, la mujer delincuente busca a través del sexo amor y seguridad. Esta creencia tuvo una influencia profunda en los procesos legales de menores infractores durante gran parte del siglo XX. Aunque esta teoría no es tomada con seriedad actualmente, la evidencia empírica sugiere que las niñas que llegan a la pubertad en una edad temprana de hecho tienen mayor riesgo de delinquir. Estas adolescentes pueden ser más atractivas a jóvenes de mayor edad, lo que aumenta el riesgo de contacto con lugares y grupos de alto riesgo. Diferencias hormonales: esencialmente biologicista; es que las hormonas sexuales masculinas (andrógenos) dan cuenta de la conducta agresiva y que las diferencias hormonales relacionadas con el género pueden explicar la diferencia de las tasas de delincuencia. Estas diferencias entonces serían una función de los niveles de andrógenos porque estas hormonas causarían que el cerebro fuera menos sensible a los estímulos ambientales. Esto a su vez lleva a los varones a buscar mayores niveles de estimulación y a tolerar más dolor en el proceso llevándolos a cometer más crímenes. Síndrome premestrual: responsable de la violencia y la agresión femeninas. Se creía que en los días previos o durante la menstruación las mujeres tenían variaciones hormonales que llevaban a la mujer a mostrarse “irritable y con pobre juicio. En la actualidad, la evidencia es muy conflictiva. Aunque muchas mujeres han delinquido en esas etapas de su ciclo menstrual, la gran mayoría de las mujeres que sufren de ansiedad y hostilidad durante la menstruación no cometen actos criminales, lo que pone en evidencia lo inadecuado de los diseños metodológicos que apoyaban esta postura. Agresión: Estas diferencias de género en la agresión están presentes aun antes de que la socialización temprana pueda influir en la conducta.
Como alcoholismo, sociopatía, farmacodependencia), bajo rendimiento escolar y pobreza . Si bien tanto hombres como mujeres alcanzan su mayor incidencia entre los 15 y los 30 años, las mujeres presentan un segundo incremento en los grupos de mayor edad (entre 40 y 54 años). La experiencia clínica señala que esta diferencia se encuentra en un grupo de mujeres socialmente aisladas, solas, que padecen depresiones profundas; generalmente acusan problemas de alcoholismo y son primodelincuentes, a diferencia de los hombres que a la misma edad, generalmente son reincidentes . Todos comparten una misma creencia y se basan en un determinismo biológico como disparador; por lo tanto, son autores pertenecientes a la escuela positivista que concibe el delito como un hecho de la naturaleza y como la expresión de una antisocialidad subjetiva contra la que hay que actuar. Las mujeres no son racionales sino impulsivas debido a su constitución biológica. Las principales creencias son:
1) Las características individuales y no la sociedad, son las responsables de la conducta criminal,
2) Existe una naturaleza biológica inherente e identificable en todas las mujeres,
3) Las mujeres criminales son “masculinas”, lo que las hace incompetentes como mujeres y las predispone a violar la ley y
4) La diferencia entre la criminalidad femenina y masculina se debe al sexo, no a las diferencias genéricas
A diferencia de los positivistas, quienes afirman que la existencia de factores sociales sirve sólo a la canalización del estado biológico “anormal”, para estas corrientes liberales la delincuencia, sobre todo la femenina, es considerada como “enfermedad”, como una “desadaptación” que amerita un tratamiento . Surgen posturas distintas que explican por qué la mujer llega a la conducta antisocial:
1) Como forma inconsciente de rebelión: La mujer delinque porque es su forma de protestar contra la sociedad que la relega .
2) Fracaso en la socialización: La mujer llega al delito por la desobediencia y la promiscuidad sexual, producto de fallas en su socialización que la “enferman” y le impiden cumplir con lo que se espera de ella.
3) Desviación de su “rol”: La mujer que delinque sufre de una “desviación de su rol normal”, aunque al hacerlo opte por conductas muy relacionadas con el papel que desempeña en la sociedad y en cada cultura.
4) La mujer que delinque se “masculiniza”, postura que confunde los conceptos de masculinidad y de desviación en el ámbito de las conductas femeninas. Cuadro 2 Criterios de investigación para el trastorno disfórico presmenstrual.
Estado de ánimo deprimido, sentimientos de desesperanza e ideas de autodesaprobación acusada. Ansiedad, tensión, sensación de agobio o de estar “al límite”. Labilidad emocional evidente (ej. ataques de tristeza, llanto o hipersensibilidad ante el rechazo). Enfado, irritabilidad o aumento de conflictos interpersonales de forma acusada y persistente.Pérdida del interés por las actividades cotidianas (ej. trabajo, escuela, amigos, aficiones). Sensación subjetiva de dificultad para concentrarse. Letargia, fatigabilidad fácil o falta evidente de energía. Cambios significativos del apetito, atracones o antojos por determinadas comidas. Hipersomnia o insomnio. Sensación subjetiva de estar rebasada o fuera de control. Otros síntomas físicos como hipersensibilidad o aumento del tamaño mamario, dolores de cabeza, molestias articulares o musculares, sensación de hinchazón o ganancia de peso. B. Estas alteraciones interfieren acusadamente con el trabajo, la escuela, las actividades sociales habituales o las relaciones personales.La alteración no representa una simple exacerbación de síntomas de otros trastornos, por ejemplo trastorno depresivo mayor, trastorno de angustia, trastorno distímico o trastorno de la personalidad y porque se rebelan en contra de su feminidad. Como puede observarse, la escuela positivista sostiene que la conducta de las mujeres está más biológicamente determinada y la complejidad de la conducta criminal femenina se reduce a representar un reto a los roles tradicionales de su género, sin tomar en cuenta que dicho rol está enraizado no en la naturaleza sino en la sociedad y que está socialmente especificado. Los positivistas asumen que las mujeres que desafían dichos roles tienen un problema, y se niegan a ver que el problema radica en los roles que se les dictan y que socialmente se espera que cumplan las mujeres, sin considerar los recursos o aspectos contextuales.
Los barrios que han perdido los medios para controlar la desviación, proteger a sus residentes y regular la conducta social, o que carecen de tales medios, están en riesgo. Dentro de estas áreas, la conducta no supervisada de las bandas juveniles y de los grupos, sobrepasa la habilidad de las instituciones sociales, tales como la familia y la escuela, para mantener el orden. El resultado es una mezcla de crimen y desviación. Los factores ecológicos y ambientales tales como vivienda inadecuada, bajo ingreso, niveles de desempleo, casas deterioradas, escuelas inapropiadas, familias desintegradas y densidad urbana, además del hacinamiento, producen desorganización social y por lo tanto predicen un incidencia alta de delincuencia . Teoría de las presiones el tipo de explicación estructural de la delincuencia. En las comunidades de clase media y alta los sentimientos de presión son limitados debido a que se cuenta con los medios para lograr lo que se desea,la posibilidad de presión es mayor en las áreas deterioradas de las ciudades. Sin embargo, los dos modelos difieren en su orientación,procesos grupales y en cómo éstos afectan las tasas de delincuencia del barrio. Dos características producen condiciones potencialmente anómicas: las metas culturalmente definidas de adquirir riqueza, éxito y poder y los medios socialmente permitidos para lograrlas, tales como el trabajo, la educación y la tenacidad. Debido a que las metas de éxito socialmente impuestas son uniformes para toda la sociedad, pero que su acceso a los medios legítimos va ligado a clase y estatus; aquéllos que quedan fuera de la estructura de la oportunidad, experimentan un sentido de enojo, frustración, falta de reglas y anomia. Esta situación puede llevar al desarrollo de soluciones criminales. Las aproximaciones que mencionan a la pobreza como factor causal de la conducta criminal y que dejan de lado la explicación biológica, frecuentemente ignoran que las mujeres constituyen el grupo más desfavorecido de todas las sociedades occidentales y son éstas las que cometen menos crímenes.
De acuerdo con este punto de vista, los adolescentes residentes en un barrio desorganizado perciben tremendas presiones y frustraciones que llegan a alienarlos de los valores de la cultura dominante. El resultado de estas presiones y la frustración los incitan a la formación de subculturas independientes que mantienen las reglas y los valores en oposición a las leyes y las costumbres dominantes. La banda se convierte en la familia “sustituta” de la de origen. Esta última niega, abusa y violenta a los adolescentes.
Las técnicas más importantes para la neutralización son: negación de la responsabilidad, negación del daño, negación de la víctima, condena de la gente que los juzga (ej: los maestros tienen favoritos, los padres descargan sus agresiones en contra de ellos, los policías son unos perros, etc). Muestran una gran lealtad pero hacia los miembros de su grupo y no hacia la sociedad. Las racionalizaciones más frecuentes son “yo no quería hacerlo”, “realmente no lastimé a nadie”, “todo mundo está en mi contra”, “no lo hice yo sola”.
Los “vínculos o lazos sociales” que sirven como factores de protección para no delinquir y como contención para no dejar actuar a los impulsos criminales: 1) Apego (attachment): el apego se refiere a la sensibilidad de la persona hacia otros y a su interés en éstos. La aceptación de las normas sociales y el desarrollo de una conciencia social dependen del apego y del cuidado de otros seres humanos. Los padres, los pares y las escuelas son las instituciones sociales más importantes con las que una persona mantiene apegos y de estos tres, los más importantes son los padres. Sin el apego a la familia, un menor difícilmente desarrollará sentimientos de respeto hacia otros con autoridad. 2) Compromiso (commitment): incluye el tiempo, la energía y el esfuerzo continuo al perseguir líneas convencionales de acción. Abarca actividades tales como la educación y el ahorrar dinero para el futuro. Las teorías del control social sostienen que la gente está comprometida en prolongar la vida, tener propiedades y buena reputación. De manera contraria, una falta de compromiso con los valores convencionales puede ser el punto de partida para una condición en la que tomar riesgos, y delinquir, se convierten en conductas alternativas razonables. 3) Involucramiento (involvement): la teoría plantea que si un sujeto está involucrado en actividades convencionales no tendrá tiempo para actividades ilegales. 4) Confianza (belief): que incluye el tener valores tales como compartir, respetar los derechos de otros y respetar asimismo un código legal.
Los críticos afirman que hay una tendencia profunda en la criminología a devaluar lo femenino y valorar lo masculino, aun ante las mismas conductas . Las investigaciones basadas en la teoría del control social han producido resultados contradictorios; se ha advertido por ejemplo que los lazos sociales no explican de manera completa las tasas de delincuencia mayores en los varones, aunque esta relación resulta más fuerte entre ellos en comparación con las mujeres .
Otro estudio que investigó la relación entre los padres y el uso de drogas en sus hijos indica que existe mayor evidencia de la teoría del aprendizaje social que de la del control social, en el sentido de que tanto hijas como hijos modelan y evalúan su conducta según su relación con aquéllos que les son significativos.
1) Rango: Los varones tienen un radio de acción más amplio y pasan más tiempo fuera de sus casas y tienen menos responsabilidades en comparación con sus hermanas,
2) Tiempo: a los varones se les permite llegar más tarde a su casa,
3)Ritmo: los varones se mueven más rápido y se involucran con mayor libertad que las mujeres en un número mayor de actividades,
4) Enfoque: las mujeres están “enfocadas” básicamente a actividades sociales (cuidar a los hijos y buscar novio, por lo menos en algún momento de sus vidas), con un círculo más pequeño de amigos en comparación con los hombres, lo que funciona como factor de protección contra la delincuencia. Respecto a las definiciones el autor menciona también 4 líneas de análisis:
1) Auto-definición: los hombres están más centrados en sí mismos, son más competitivos y son más “machos” que las niñas;
2) Presión de grupo: La mayoría de los varones pasa su tiempo libre en actividades con miembros de su propio sexo y ejerce mayor presión de grupo cuando se cometen crímenes;
3) Definiciones sociales: a los varones los etiqueta la policía con mayor probabilidad que a las mujeres y algunos crímenes están más en relación y son mejor aceptados cuando son los varones los que delinquen;
4) Diferencias físicas: la mayor fuerza física y velocidad de los varones los hace más capaces de cometer crímenes. A las hijas se les controla más por temor de embarazos adolescentes (¿precoces?) Teorías integradas
Las investigaciones al respecto han brindado resultados no concordantes sobre la conducta de la policía, de los jueces y de las cortes. Hay estudios que afirman que no se hace diferencia, algunos indican que se da trato preferencial a hombres y niños, otros, trato preferencial a mujeres y niñas, algunos más informan que mujeres y niñas son más castigadas por algunos crímenes en comparación con los hombres y otros que son hombres y niños los más castigados por otro tipo de crímenes (Sin embargo, afirma que las mujeres tienen mayor probabilidad de que se les etiquete como “desviadas” o que se les llame “histéricas”, “putas” y se les describa como promiscuas. De la misma manera es funcional estereotipar a los barrios de afroamericanos: perpetuar el mito de que esta población no contribuye en nada a la sociedad americana.
Los grupos sociales que tienen el poder usan el sistema de justicia para mantener a otros grupos sociales en una posición subordinada: así, los hombres utilizan su poder económico para mantener a las mujeres subyugadas, como los capitalistas usan su capital para que los asalariados sólo reproduzcan su fuerza de trabajo a través de un pago mínimo. Aquéllos cuya conducta no pueden someter o que no quieren someterse a los grupos de la élite son considerados como delincuentes,
DISCUSIÓN
La integración cada vez mayor de la mujer al mundo de la delincuencia se ha traducido en su participación en una amplia gama de delitos, dejando atrás los tiempos en que cometía sólo los típicos ilícitos femeninos de infanticidio o prostitución. Por lo tanto, las explicaciones comunes para la criminalidad femenina y sobre la “naturaleza no amenazante” de las mujeres, ya no están vigentes o bien las teorías que aquí se han revisado carecen de elementos teóricos metodológicas que permitan dar cuenta, en forma holística y no parcializada, del incremento en la criminalidad femenina. Más que negar que existen mujeres que son serios criminales, necesitamos comprender y responder a los mecanismos que las llevan a involucrarse en conductas delictivas que no se ligaban tradicionalmente con el sexo femenino. Si consideramos que las mujeres delincuentes son parte de la estructura social y que la criminalidad es un fenómeno sociopolítico e histórico, entonces las teorías aquí examinadas no dan cuenta de los espacios que las mujeres han ocupado en la estructura social (espacios privados, no visibles, desvalorizados), ni de los procesos históricos que han modificado sus tareas, sus roles, la forma en como la ciencia las contempla, los recursos a los que tienen acceso, su relación con los varones, su visión de la maternidad o la forma en cómo las ven las instituciones jurídicas. No puede negarse el componente biológico, pero esto no es suficiente. Por otro lado los roles tradicionales de género son una construcción social y no están enraizados en la naturaleza femenina. Esta postura no considera algunos aspectos culturales como el hecho de que no todas las mujeres desean o pueden cumplir con estos roles y el hecho de desafiarlos es tan solo una elección, un ejercicio de ciudadanía como no permitir ser agredidas, violentadas, subyugadas, tener una sexualidad distinta de la hegemónica o simplemente, afirmar su derecho a decidir no ser madres. Sin embargo, en estas teorías todavía no se contempla el género como una relación de poder significativa; se malinterpreta y atenúa la violencia masculina en contra de las mujeres y se ignoran los aportes feministas sobre las relaciones de poder al interior de la familia. Finalmente, el grupo de las teorías de la reacción social es reduccionista ya que los factores económicos por sí solos no explican las diferencias de género en la conducta criminal y omiten de sus análisis a las niñas y a las mujeres a pesar del inmenso potencial explicativo de la teoría de género y de la estratificación sexual social en la conducta y el proceso criminal. Estas omisiones y lagunas invitan a una reflexión a partir de la vida de las mujeres y desde una perspectiva teórica que permita comprenderlas, es decir, que la violencia, la inequidad, los controles (formales e informales) y el poder, se tomen en cuenta como ejes de análisis, tema que se abordará en la segunda parte de este trabajo.
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